miércoles, 22 de septiembre de 2010

Ser libre a traves del olvido del pasado - Primera entrega -

Se puede ser completamente libre?
Constituye una entelequia el mirar cada dia, el vivir cada experiencia, experimentar cada emocion, a traves de la mirada con "ojos de primera vez?
Creerian -vean en su interior y respondanse sinceramente- que esto puede ser posible?
Pues bien: por esos "avatares de la vida", cayo en mis manos el libro de J. Krishnamurti "Liberese de su pasado".
Debo confesar que tuve un poco de resquemor para enfrentarme a su lectura.
No me considero adepta la lectura de los grandes maestros (error de considerarlos asi segun Krishnamurti, pero es que recien estoy empezando a descubrirlos), por el temor de simple mortal de "no entenderlos".
Es verdad que se necesita una lectura profunda.
Pero me gustan los riesgos: me atrevo a compartir con Uds lo que voy desbrozando a traves de este libro, aun no terminado, recien apenas por la mitad...
Lo primero que "aprehendi" es que el conocimiento de uno mismo, condicionado ya sea por "maestros", dogmas, imperativos religiosos, ideologias, etc, no nos es util.
Es algo que asombra, no?.
Observemoslo de este modo y cambiemos el sentido a esta frase cuyo esqueleto, simple, despojado, nos hara sentir menos confundidos  y mas abiertos con respecto a lo expresado anteriormente: lo vital, lo realmente importante es que nos comprendamos a nosotros mismos, de una forma completa.
Esto implica que la comprension del pensamiento a traves de cualquier tipo de autoridad, es...destructiva.
Esto, mirado con los ojos del condicionamiento, pareceria casi una locura, quizas hasta una herejia en los casos mas extremos.
Ahora reflexionemos: que pasa entonces si decidimos ser nuestros propios maestros  y nuestros propios discipulos?
No tengamos miedo de estar "solos". Tampoco temamos a lo que podamos encontrar.
Pues solo enfrentandonos al hecho, nos construiremos.
En cuanto apenas realizamos el amago de huir, AHI EMPIEZA EL TEMOR, y, bien sabido es, que el temor no deja avanzar, el temor paraliza.
Al examinarnos internamente, dejamos de lado cualquier tipo de neurosis.
Porque? Es simple: porque ya no existiran diferencias entre uno y la colectividad.
Uno crea al mundo tal como uno es. No debemos perdernos jamas entre esta lucha en la cual caemos tan asiduamente "entre la parte y el todo".
Cuando nuestro pensamiento trasciende la conciencia social e individual, recien ahi encontraremos nuestra propia luz y esa luz que nunca se apaga.
Como podemos realmente estudiar nuestro interior?
Ahi es donde entra, a mi parecer de neofita en el tema, el verdadero quid: ahi "empieza a tallar" la real y justa importancia que debemos dar a la vida relacional, pues "toda la vida es relacion", por el hecho de no ser posible una existencia como un ser aparte, por el simple hecho de que existimos en relacion con las personas, las cosas y las ideas. Y es a traves del "maridaje" (por usar un termino mas grafico y de mejor comprension) del estudio de las relaciones  con las cosas y las personas fuera de mi, con mas el estudio de mi interior (mis cosas, causas, motivos, ideas, etc), que podemos acceder al  conocimiento de nosotros mismos.
Otra forma de conocernos seria nada mas que una abstraccion, y no somos, bajo ningun punto de vista, entidades abstractas.
El estudio se basa en la simple realidad de "como soy" y no de "como deseo ser"
La adquisicionn del conocimiento no conlleva para nada un proceso "intelectual".
Adquirir conocimiento sobre uno mismo y aprender sobre uno mismo, nada tienen que ver el uno con lo otro, por el simple hecho de que el conocimiento acumulado es siempre del pasado y una mente que lleva la carga del pasado esta llena... de pesadumbre.
Los invito a que meditemos juntos esta primera entrega y reflexionemos acerca de este primer paso en la comprension de las palabras de Krishnamurti.
Interesante, verdad?
Hasta la proxima entrega, mis queridos amigos!

lunes, 30 de agosto de 2010

Otra oportunidad

Otra oportunidad

Se sacó los anteojos, y dada su presbicia ya instalada, pudo ver con claridad las agujas del reloj que marcaban las 5 y media de la tarde.
Tomó su saco y salió a la calle. Era pleno invierno, y en momentos oscurecería.
Sintió el frío gélido darle un cachetazo de vida en su rostro.
Meditó acerca de cuanto eso lo molestaba...antes.
Ahora lo gozaba.
No le molestó el colectivo atestado ni el bebé gritando a voz en cuello. Tampoco le importó -como en otros tiempos- no encontrar las llaves en su inmensa cartera. Se tomó su tiempo hasta que las encontró.
Se alegró cuando lo hizo. Le hizo recordar -lo que dibujó una sonrisa en sus labios- cuando sacaba la sortija en la calesita del barrio.
A pesar de la aparente "soledad", se sintió afortunada al verse envuelta en el silencio de su caserón.
Pero no estaba sola...Boris, su perrito callejero que la acompañaba hacía más de un año venía corriendo escaleras abajo.
Mientras lo acariciaba, le habló: -"pícaro, otra vez durmiendo sobre mi cama". Boris saltaba y la miraba con esa mirada que expresaba todo el amor y la gratitud desde que lo rescató de la calle.
Vamos a la cocina? Y la palabra "vamos" producía un efecto en Boris que lo hacía saltar excitado como si le prometieran el mejor pedazo de carne o esas galletitas que tanto le gustaban.
No estaba sola.
Estaba con ella misma.
Su lugar, sus libros, su propio calor construído después de tantos fríos y noches heladas de llanto, cuando creía que "la falta de" (pareja, hijos, padres, etc) era una sentencia que se movía sobre ella como el péndulo del famoso cuento de Edgar Allan Poe y creía que era esencial tener lo que "todos tenían".
No entendía que se puede tener todo pero sentir que el vacío abruma e impide que el aire pase por la garganta.
 Que no todo lo que brilla es oro.
Hoy lo comprendía.
Se levantó y se miró al espejo. Seguía sonriendo.
En la mesa de la cocina, desde hacía dos días descansaba el informe médico en el cual "la sospecha de" se había disipado.
Dios le habló a través de esa señal.
Y comprendió lo maravilloso que era estar viva.
Tenía una nueva oportunidad.
Y esta vez no iba a desperdiciarla...